Lo primero que se me ocurre después de escribir el título, es la cantidad de cosas que me responderán, algunos me juzgaran desde el título, otros pensaran ¿qué quiere decir con eso, es afirmación, pregunta o ironía? Si es que se trata de que yo no sé disfrutar de estar conmigo misma, de que no me siento fuerte o segura, de que soy débil, de que no recuerdo que nacemos solos y solos llegamos a la tumba, etc., etc..
Totalmente cierto es que nacemos solos pero de igual manera es cierto que al nacer necesitamos cuidados y amor; también es muy cierto que en las puertas de la muerte necesitamos no sentirnos solos, no estar solos, necesitamos amor.
Hace mucho que sé estar conmigo, he mantenido extensas conversaciones en mí soledad, me he consentido, he jugado conmigo, me he hecho preguntas, me he observado, he hecho silencio y he hecho conmigo absolutamente nada. Es bueno y necesario saber estar sola, no tener dependencia de otro; es bueno y necesario elegir estar con otra u otro, compartir y que alguien elija compartirse con nosotros, amando.
“Estar soltero está de moda” dice una canción de reggaetón que suena ahora en la radio.
Hay millones de solteras y solteros rotos, con miedo de entregarse, de amar, de redescubrir el mundo de la mano, millones muertos de miedo con una sonrisa en la boca de su autoengaño que dice soy feliz.
Levantarse en la mañana sola, hacer el desayuno sólo para ti, cocinar para uno, salir con amigos reales o imaginarios algunas veces a la semana, terminar el día y llegar a tu cama vacía.
Poner música para ti, ser la dueña absoluta de todas las cosas de tu casa, tener amigas o amigos con derechos, poli amor o relaciones abiertas… ay, y, saber que en el fondo esas relaciones no tienen esa profundidad, es como comparar un estanque con un océano. Que unos ojos solo brillen por ti, que un pecho se abra, se expanda, que la fuerza del universo se exprese en el amor único, exclusivo y excepcional que alguien siente solo por ti. Hay que amarse pero también hay que amar.
Yo renuncio a mi derecho de tener el control absoluto de la música que se escucha en casa, de poner cada cosa donde quiera, de ir sólo donde yo decida, de tener todos los espacios. Yo elijo estar en pareja y feliz porque la felicidad es más grande, más profunda, más enérgica. Porque alguien que ha amado en un amor correspondido podrá decirte que se es más fuerte, mas grande y más feliz en pareja. Cualquiera que haya amado a menos que se haya perdido o que por alguna cosa extraña de las vueltas o espejismos de la vida y las culturas lo olvide o se engañe lo sabe bien.
Estar sola, soltera y feliz es posible, real, necesario, como estado intermedio.
No como entendimiento de que la soledad, la falta de entrega, las relaciones abiertas y las amistades con derecho son la manera natural para el corazón, la mente o el fondo del alma de ser feliz. Es que simplemente no se siente igual, ni desde tu corazón ni desde el corazón de la, el o los que te relaciones de esa manera.
Es estar sin estar, ser sin ser, amar sin amar y sin ser amado. Una manera más de mitigar la soledad que carcome los huesos.
Estar sola, estar soltera y estar feliz no es más que un cuento chino. Un invento, una creación de las nuevas corrientes de turno para fundamentar la cobardía, el dolor, la duda, la confusión de sus mentes, el ruido publicitario. La escusa perfecta para personas rotas que no saben relacionarse, que no saben amar, que tienen que inventar o inventarse algo, desde nuevas maneras de relacionarse ya sea por no saber amar, temer amar y verse a sí mismos en el espejo con un fundamento de por qué yo no.
Estar sola, soltera y feliz… podrán refugiarse en el trabajo, en los viajes, en las salidas con amigos de cualquier clase, en el entretenimiento de hacer apología de la comida, las bebidas, los libros o lo que elijan pero… estar sola, soltera y feliz es posible como estado intermedio pero sin inventos.
Puedes amar tu trabajo, puedes disfrutar del tiempo a solas, puedes estar en un tiempo intermedio, puedes tener setenta años, puedes… todo se puede, pero sin inventos.