Estoy enamorada de tu alma, me enamoré. Esta es una de las cosas más bonitas que me han dicho en mi vida.
Ella, una enamorada del amor y de sus relaciones con el silbido del viento, con el rayo de sol que apareció de repente, con la nube de polvo.
De esas mujeres que cruzan fronteras por la promesa de un amor, que no sienten el cansancio del día ajetreado, que siempre tienen tiempo, que te envían flores en canciones, palabras, presencia, detalles.
Recuerdo la primera vez que vi en sus ojos la ilusión al mirarme, anhelo que me miraba desde lo profundo de sí, intenso… con ese mirar de una niña que siente que tiene algo increíble, que tiene un tesoro… esas miradas maravilladas que al verlas te maravillan.
Una mujer que supo cómo sorprenderme,
que en su cortejo no se dió cuenta cuanto me conquistó y cuánto me sumó,
que supo como derribar las distancias y crear cercanía a miles de kilómetros,
que hacía locuras,
que se sorprendía como una niña,
que siempre me proponía cosas,
que se derretía al escuchar mi voz,
que me desarmo la vez me que dijo, “…y yo que puedo hacer contigo si entras por mis ojos desnuda”,
que coincidía muy bien en la cama y en la visión de pareja también,
que quería un mundo conmigo pero que aún así no pudo ser.
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